Turistas

CARTA DEL SR. OBISPO A LOS TURISTAS

 

“Señor, mi Roca, mi fortaleza y mi libertador” 

(Salmo 17(18), 3)

Mensaje a los turistas 

Mar del Plata, diciembre 2014


Queridos hermanos turistas:

Durante el verano, la franja costera de nuestra diócesis recibe un aporte notable de gente que viene a pasar unos días de vacaciones. El fenómeno también se observa en varias localidades de nuestro interior. Algunos vienen con su familia, otros con amigos, otros solos.

Algo común los motiva, que es la necesidad de descanso respecto de las actividades habituales y de renovación anímica y espiritual.

Como Obispo de Mar del Plata quiero darles la bienvenida, y al mismo tiempo brindarles una sencilla reflexión a modo de ayuda para vivir más plenamente este tiempo.

No caben dudas de que el cambio geográfico, el mayor tiempo otorgado al descanso físico, las charlas en familia o entre amigos, la sana lectura, el descubrimiento de nuevos lugares, la vida al aire libre, el sol, las playas o las sierras vecinas, ayudan mucho a lograr la distensión legítima y deseada.

Pero queda, sin embargo, un aspecto fundamental que no podemos olvidar. Jesucristo ha dicho: “Yo he venido para que las ovejas tengan Vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10).

En cada uno de nosotros está presente el anhelo de una calidad de vida superior a la que experimentamos en el combate cotidiano. Pero debemos preguntarnos en qué valores ponemos esa calidad de vida. Las condiciones externas pueden ayudarnos a lograrla, pero si sólo en eso hacemos consistir la felicidad a la que tendemos, al cabo de un tiempo descubriremos que estuvimos construyendo sobre arena movediza y que el edificio puede terminar en ruina.

Jesús nos propone una “Vida en abundancia”. Promete una paz mucho más estable. Escuchar sus palabras y ponerlas en práctica nos vuelve semejantes al “hombre sensato que edificó su casa sobre roca” (Mt 7,24).

En el libro de los Salmos hay una exclamación hermosa que deseo repetirles: 

“Yo te amo, Señor, mi fuerza,

Señor, mi Roca, mi fortaleza y mi libertador, 

mi Dios, el peñasco en que me refugio,

mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte” (Salmo 17,2-3).

En medio de los problemas de la vida, este tiempo no debe ser pura evasión de lo que no nos gusta. Es bueno dar cabida para lo que Jesús llama “la única cosa necesaria” (cf. Lc 10,42). 

Nuestras iglesias durante el verano ofrecen la posibilidad de encontrarse con sacerdotes en número suficiente, dispuestos a escuchar a quienes quieren abrir la propia conciencia y encontrar la paz anhelada.  

A quienes están alejados desde hace años de la práctica de su fe, por cualquier motivo que fuese, los invito a acercarse. Deben saber que los sigue esperando una gran Bondad, una gran Misericordia. Lo que cuesta es porque vale y Jesús no oprime sino que libera con la verdad. 

A quienes son creyentes sinceros pero han dejado enfriar la adhesión a Cristo por las pruebas de la vida o las tentaciones del mundo, o por la propia pereza, les ruego que no vacilen. El encuentro con Jesús es la fuente de toda alegría verdadera.

Y a quienes por gracia de Dios conservan  su vida de fe y su unión habitual con el Señor, recuerden que nuestro Maestro nos pide siempre más: “Sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo” (Mt 5,48). Si hacemos mantenimiento y reparación de los desperfectos de la casa material que nos alberga, ¡cuánto más cuidado debemos poner en el buen estado de nuestra morada interior!  

Queridos hermanos turistas, en días y horarios que serán oportunamente anunciados, me haré presente en distintas ciudades de la costa, para celebrar la Misa y saludarlos personalmente. En la catedral de Mar del Plata tendré encuentros más frecuentes que aparecerán oportunamente anunciados.

Rezo por todos ustedes y les deseo unas felices y reparadoras vacaciones. 

Con mi cordial bendición.


ANTONIO MARINO

Obispo de Mar del Plata

                             

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